No puedo dejar de pensar en ese beso, en qué significó
para él y en qué significa realmente para mí. Ni en
qué diantres hacer cuando vea a Albert de nuevo.
Mientras juego con los niños del Hogar, cada vez que
mi mirada o que mis pasos se dirigen sin querer hacia
la colina, no puedo evitar rememorar ese momento, con lujo de
detalles, hasta me ruborizo y los niños me miran
extrañados. Cada vez que un niño me sonríe feliz y que
sus ojos le brillan, recuerdo la sonrisa de Albert mientras corría hacia
sus brazos. Cada vez que uno de los niños hace alguna
picardía y rehuye mi mirada, no puedo evitar recordar
cuando almorzábamos y yo rehuía la mirada de Albert,
aún cuando en el fondo moría por mirarlo, adivinar qué
pensaba. Albert, ¡no sé si quererte más o si estar fastidiada
contigo por lo del beso!
El otro día la Hermana María me reprendió por regresar
muy tarde al Hogar. Salí de paseo, sola, para tratar
de poner mis ideas en orden, el tiempo se pasó volando
y en verdad ya estaba oscuro cuando regresé al Hogar.
Conozco muy bien el bosque por aquí, no había forma de
que me perdiera ni me acechaba peligro alguno. Sin
embargo la Hermana estaba muy molesta conmigo. No dije
nada mientras me reprendía, pero supongo que cayó en
cuenta de que me estaba hablando como cuando era
una chiquilla porque eventualmente calló y entonces,
más dulcemente me dijo: "Candy, no pretendo tratarte como
niña, ya eres una mujer, e independiente. Quizás mi
reacción haya sido exagerada... Pero tú sabes, a veces
el temor de que algo malo le ocurra a alguien o algo
que queremos, nos hace enojarnos. Pero ese enojo
muchas veces no es tal, muchas es sólo nuestra
angustia que se manifiesta de esa manera".
Sin querer, sus palabras aclararon algunos de mis
sentimientos encontrados respecto a Albert y al
dichoso beso.
Por momentos pienso en el beso y siento esas
cosquillas en la boca del estómago y un tremendo deseo
de ver a Albert, de abrazarlo... incluso deseo que me
bese de nuevo. Pero dos segundos más tarde, siento
fastidio, casi enojo, cuando pienso en lo que hizo.
No le veía sentido a esos cambios abruptos de ánimo y
emociones, pero ahora creo que me entiendo un poquito
más.
En realidad no estoy enojada con Albert. Si por
momentos siento fastidio hacia lo que hizo, en el
fondo es porque él me importa
tanto, tanto, que tengo terror de perderlo... terror
de que lo que ocurra de aquí en adelante nos lleve a
alejarnos, a perder la amistad tan preciosa que
teníamos.
Sí, el beso me gustó. Me gustó. Y mucho. ¡Mucho! Ya no
puedo engañarme a mí misma.
Lo que me frustra, enoja, aterra, es que eso cambió
algo en mí, en nosotros, y yo temo no saber ser
espontánea con él cuando lo vea,
temo no poder actuar con naturalidad con él, no como
antes. Y temo que él tampoco. Aquel día parecía
bastante nervioso cuando me preguntó si estaba
enfadada con él y a lo largo de toda esa tarde tuve la
sensación de que se sentía un poco incómodo cerca de
mi, pero que me quería hablar igual.
Eso es lo que temo. Que cuando nos veamos, ya no
podamos mirarnos a los ojos como antes, actuar con la
naturalidad de siempre.
El beso fue hermoso, pero el miedo de que sea la causa
de que nos distanciemos me angustia, y por lo mismo,
me enoja. Yo no podré evitar el tema, o hacer como que no pasó
nada cuando lo vea de nuevo, al menos al principio. Y
por eso aún sigo aquí, en el Hogar, aún cuando otra
parte de mí me grita a toda voz que vuelva a Lakewood,
que esté con él porque estar en el Hogar es lindo sólo
si sé que que puedo volver a él, sobretodo cuando me
parece sentir la calidez y dulzura de esos labios
sobre los míos, el ligero temblor en su abrazo y en
mis piernas cuando lo sentí tan cerca.
Pero luego enseguida el corazón me da un vuelco
pensando que quizás ese mismo instante pudo haber
marcado el final de nuestra amistad, que quizás nunca
tengamos lo que tuvimos.
Contribuido por Elena
El personaje principal del manga "Candy Candy" escribe un diario a partir de la desaparición de Albert... y luego le seguí de mi ronco pecho (y del de otras personas). Ven y visita también el Diario de Albert.
lunes, octubre 9
sábado, octubre 7
En el Hogar de Pony
Aquí estoy, pasando unos días maravillosos junto a mis
queridas madres y a los niños. Realmente disfruto cada
instante, pero a la vez añoro los días en Lakewood. En
realidad, extraño a Albert, a las tardes junto a él en
la gran casa, a los paseos por el jardín y la idas a
la cabaña del bosque.
Es tragicómico, pero es que me muero de ganas pero
también de miedo de ver a Albert. Es por eso que aún
no he tomado ninguna decisión sobre cuánto tiempo más
quedarme en el Hogar ni que me he animado a
escribirle.
Es que quiero verlo, pero no sé qué hacer cuando
finalmente vuelva a estar frente a él. Es que ahora
todo es diferente, al menos para mí. Supongo que para
él también.
Siento una dicha profunda pero también mucha angustia
cuando pienso en ese beso en la colina. Cuando me
abrazó y besó dulcemente, lo sentí temblar (claro que
yo también temblaba) y sentía su corazón latir
rápidamente (¿o era el mío nada más y yo me imagino
que el suyo también estaba desbocado?). No hubiera
sido así si él me viera sólo como a una hermana
pequeña o como a su protegida. Y tengo que admitir que
el imaginar que Albert me mire con ojos de mujer hace
que mi corazón se desboque y sienta algo indefinible
pero delicioso. Pero no es menos cierto que pensar en
eso me deja confundida y asustada.
Tengo pánico del momento en que nos encontremos de
nuevo. No sé cómo conducirme, qué decirle, porque no
puedo hacer como que no pasó nada, pero tampoco quiero
verme como una tonta: nada me asegura tampoco que no
esté haciendo una tormenta de un vaso de agua.
¿Y si el beso de Albert quiso ser fraternal? ¿Si fuera
que sus labios rozaron los míos sólo porque yo le
miraba a los ojos, la barbilla bien en alto, cuando -
de no haberme mantenido un rato así como hipnotizada,
mirándolo a los ojos sus labios sólo hubieran rozado
mi frente?
¿Y si digo algo que sólo cree una situación incómoda
por algo que quizás ni quiso hacer?
Por otra parte, nada de su reacción me da a entender
que en efecto fuera una situación tonta, inesperada,
un error embarazoso pero hasta simpático. No. El
parecía realmente turbado, nervioso, cuando me
preguntó si estaba enojada con él. Además, si él
también me miraba a los ojos y me sonreía, ¿cómo
podría no haberse darse cuenta de que recibiría su
beso en mi boca, no en mi frente?
No sé que pensar y no sé que hacer.
Si me enterara de alguna manera de que aquel beso fue
fraternal, y nada más, me sentiría aliviada. No
tendría que preocuparme ya de que las cosas entre él y
yo cambien, no estaría ese miedo paralizante de perder
eso tan bonito que siempre tuvimos y aún más desde que
convivimos mientras él se recuperaba del accidente.
Podríamos hablar y reírnos de esa situación.
Pero a quién engaño... si me enterara de que ese beso
fue un accidente, me sentiría decepcionada. En
realidad me dejaría triste saber que sus sentimientos
son puramente fraternales. Al menos desde ese día, no
importa cuánto trate de ignorar mis propios
pensamientos: ese beso fue apenas un roce y duró un
instante, pero bastó para sentir como algo que no sé
definir, pero que era definitivamente delicioso, nada
fraternal, y que en el fondo, aunque me de vergüenza
admitirlo, pedía más (Aunque no sé exactamente qué eso
que me quedé anhelando).
Ese beso... el calor de su cercanía, sentirme en sus
brazos, el sentir su respiración y su perfume... cada
vez que me viene a la mente, me pongo nerviosa y
torpe. Si hasta mis madres se dan cuenta y me
preguntan qué me pasa.
Por cierto, la Señora Pony me mira y se sonríe, y me
siento como descubierta. Me parece que supiera mejor
que yo que me pasa. Pero yo no he dicho ni una palabra
de nada, ni pienso hacerlo.
Contribuido por Elena
queridas madres y a los niños. Realmente disfruto cada
instante, pero a la vez añoro los días en Lakewood. En
realidad, extraño a Albert, a las tardes junto a él en
la gran casa, a los paseos por el jardín y la idas a
la cabaña del bosque.
Es tragicómico, pero es que me muero de ganas pero
también de miedo de ver a Albert. Es por eso que aún
no he tomado ninguna decisión sobre cuánto tiempo más
quedarme en el Hogar ni que me he animado a
escribirle.
Es que quiero verlo, pero no sé qué hacer cuando
finalmente vuelva a estar frente a él. Es que ahora
todo es diferente, al menos para mí. Supongo que para
él también.
Siento una dicha profunda pero también mucha angustia
cuando pienso en ese beso en la colina. Cuando me
abrazó y besó dulcemente, lo sentí temblar (claro que
yo también temblaba) y sentía su corazón latir
rápidamente (¿o era el mío nada más y yo me imagino
que el suyo también estaba desbocado?). No hubiera
sido así si él me viera sólo como a una hermana
pequeña o como a su protegida. Y tengo que admitir que
el imaginar que Albert me mire con ojos de mujer hace
que mi corazón se desboque y sienta algo indefinible
pero delicioso. Pero no es menos cierto que pensar en
eso me deja confundida y asustada.
Tengo pánico del momento en que nos encontremos de
nuevo. No sé cómo conducirme, qué decirle, porque no
puedo hacer como que no pasó nada, pero tampoco quiero
verme como una tonta: nada me asegura tampoco que no
esté haciendo una tormenta de un vaso de agua.
¿Y si el beso de Albert quiso ser fraternal? ¿Si fuera
que sus labios rozaron los míos sólo porque yo le
miraba a los ojos, la barbilla bien en alto, cuando -
de no haberme mantenido un rato así como hipnotizada,
mirándolo a los ojos sus labios sólo hubieran rozado
mi frente?
¿Y si digo algo que sólo cree una situación incómoda
por algo que quizás ni quiso hacer?
Por otra parte, nada de su reacción me da a entender
que en efecto fuera una situación tonta, inesperada,
un error embarazoso pero hasta simpático. No. El
parecía realmente turbado, nervioso, cuando me
preguntó si estaba enojada con él. Además, si él
también me miraba a los ojos y me sonreía, ¿cómo
podría no haberse darse cuenta de que recibiría su
beso en mi boca, no en mi frente?
No sé que pensar y no sé que hacer.
Si me enterara de alguna manera de que aquel beso fue
fraternal, y nada más, me sentiría aliviada. No
tendría que preocuparme ya de que las cosas entre él y
yo cambien, no estaría ese miedo paralizante de perder
eso tan bonito que siempre tuvimos y aún más desde que
convivimos mientras él se recuperaba del accidente.
Podríamos hablar y reírnos de esa situación.
Pero a quién engaño... si me enterara de que ese beso
fue un accidente, me sentiría decepcionada. En
realidad me dejaría triste saber que sus sentimientos
son puramente fraternales. Al menos desde ese día, no
importa cuánto trate de ignorar mis propios
pensamientos: ese beso fue apenas un roce y duró un
instante, pero bastó para sentir como algo que no sé
definir, pero que era definitivamente delicioso, nada
fraternal, y que en el fondo, aunque me de vergüenza
admitirlo, pedía más (Aunque no sé exactamente qué eso
que me quedé anhelando).
Ese beso... el calor de su cercanía, sentirme en sus
brazos, el sentir su respiración y su perfume... cada
vez que me viene a la mente, me pongo nerviosa y
torpe. Si hasta mis madres se dan cuenta y me
preguntan qué me pasa.
Por cierto, la Señora Pony me mira y se sonríe, y me
siento como descubierta. Me parece que supiera mejor
que yo que me pasa. Pero yo no he dicho ni una palabra
de nada, ni pienso hacerlo.
Contribuido por Elena
martes, octubre 3
Continúan las Sorpresas
No logro dejar de temblar. Han sido demasiadas las emociones del día de hoy. Lo primero que tengo que escribir es que Albert no sólo es el tío William, idea a la que aún no me acostumbro, sino que también es mi príncipe. Quiero decir, el príncipe de la colina, el que conocí hace diez años el día que recibí la última carta de Annie. Sé muy bien que el príncipe no era un personaje real, era una fantasía que yo misma había creado basándome en un chico que apenas vi una vez. Anthony me dijo que ese chico debía ser miembro de los Andrew, pero con el tiempo perdí tanto el interés como las esperanzas de dar con él.
Hoy, cuando llegué al hogar de Pony, me topé con la sorpresa de ver a Annie, Patty y Archie allí. Después de saludarlos a ellos y a mis dos queridas maestras, fui a buscar a Albert, pues dijeron que estaría en la colina. Pero al llegar los recuerdos me llenaron de nostalgia y me hicieron derramar un par de lágrimas. De pronto, escuché la voz de mi príncipe, quien de nuevo me decía "eres mucho más linda cuando sonríes que cuando lloras..." Pero no era mi príncipe, sino Albert quien estaba bajo el padre árbol. Me di cuenta entonces de que era la misma voz amable, los ojos azules y el pelo rubio... Albert y el príncipe eran la misma persona. Emocionada, corrí a sus brazos, como he hecho tantas veces antes, pero necesitaba cerciorarme de que no era mi imaginación, que de verdad Albert era el chico del kilt que había tocado la gaita para consolarme cuando era niña. "Albert, tu eres mi príncipe, ¿verdad?"-le pregunté. Qué pregunta absurda, debí ser más específica. Yo esperaba ansiosa su respuesta, pero Albert, en lugar de responder, me besó.
Fue un beso muy tierno y cariñoso, y también muy breve. Tras apenas unos instantes me abrazó de nuevo y empezó a temblar. Yo también temblaba, confundida, sin saber cómo reaccionar. La cabeza me daba vueltas, pensando en demasiadas cosas a la vez. Pensaba en el beso que Terry me robó en el festival de mayo, cuando yo todavía estaba llorando la muerte de Anthony. Pensaba también si de alguna manera Albert había entendido otra cosa con mi pregunta tonta. Dudé entonces si Albert era o no el príncipe. Ahora pienso que tiene que serlo: no sólo por el aspecto, las edades, el medallón, el traje escocés... creo que Albert sabía bien a qué príncipe me refería yo, pues ya antes le había contado la anécdota.
Pero en esos momentos no me venía nada coherente a la mente, y cuando nos separamos sólo se me ocurrió decirle que nos esperaban para preparar la cena. ¡Qué estúpida! Albert, por supuesto, se quedó tan confundido como yo. La voz se le quebraba cuando me preguntó si estaba enojada con él, y me pidió perdón. Debí decirle que no había nada que perdonar, pero yo también tenía la voz incierta y respondí con monosílabos.
Tenemos que hablar sobre lo ocurrido, pero tengo que hacerlo cuando tenga la cabeza fría, ahora no puedo. Durante la cena, seguía pensando en ese beso, tan distinto del de Terry. En ambas ocasiones fue algo inesperado, pero mientras el beso de Terry fue brusco y atropellado, el de Albert fue suave y cuidadoso.
Recuerdo que el beso de Terry terminó en una bofetada. Después me arrepentí por haberlo malinterpretado. Él tenía razón, Anthony estaba en el pasado y yo tenía que vivir el presente. No quiero cometer el mismo error ahora, sé que Terry y yo hemos terminado, pero es demasiado pronto y han ocurrido demasiadas cosas en mi vida, me cuesta trabajo imaginar a Albert como mi pareja. Quizá es tonto que ni me lo haya planteado así cuando hasta encontrarlo solo pensaba en volver a estar juntos, y hasta dudaba de un cambio en mis sentimientos hacia él. Pero de ahí a admitir que es el hombre que quiero para mí como "pareja" me aterra, ¡si es que apenas he curado las heridas de perder a Terry! Además, legalmente soy la hija adoptiva de Albert, ¿no? Sería un escándalo para la familia Andrew... qué barbaridad, ya estoy pensando como la tía abuela. Nunca antes me había sentido nerviosa o incómoda frente a Albert. Él es con quien puedo ser yo misma, sin necesidad de guardar apariencias. ¿Qué me ocurre?
Lo peor es que no tuvimos otra oportunidad para hablar, pues los chicos y las maestras no dejaban de hacerme preguntas. Es comprensible, había muchas cosas nuevas por explicar.
Debería estar feliz: He vuelto al hogar de Pony de manera definitiva, estoy finalmente con las dos mujeres a quienes considero mis verdaderas madres, con los chicos a quienes tanto quiero, y tengo a mis dos mejores amigas de visita, pues Patty y Annie se van a quedar por una semana. Debería disfrutar estos momentos, pero cuando Albert y Archie emprendieron el regreso me sentí más sola que nunca.
Hoy, cuando llegué al hogar de Pony, me topé con la sorpresa de ver a Annie, Patty y Archie allí. Después de saludarlos a ellos y a mis dos queridas maestras, fui a buscar a Albert, pues dijeron que estaría en la colina. Pero al llegar los recuerdos me llenaron de nostalgia y me hicieron derramar un par de lágrimas. De pronto, escuché la voz de mi príncipe, quien de nuevo me decía "eres mucho más linda cuando sonríes que cuando lloras..." Pero no era mi príncipe, sino Albert quien estaba bajo el padre árbol. Me di cuenta entonces de que era la misma voz amable, los ojos azules y el pelo rubio... Albert y el príncipe eran la misma persona. Emocionada, corrí a sus brazos, como he hecho tantas veces antes, pero necesitaba cerciorarme de que no era mi imaginación, que de verdad Albert era el chico del kilt que había tocado la gaita para consolarme cuando era niña. "Albert, tu eres mi príncipe, ¿verdad?"-le pregunté. Qué pregunta absurda, debí ser más específica. Yo esperaba ansiosa su respuesta, pero Albert, en lugar de responder, me besó.
Fue un beso muy tierno y cariñoso, y también muy breve. Tras apenas unos instantes me abrazó de nuevo y empezó a temblar. Yo también temblaba, confundida, sin saber cómo reaccionar. La cabeza me daba vueltas, pensando en demasiadas cosas a la vez. Pensaba en el beso que Terry me robó en el festival de mayo, cuando yo todavía estaba llorando la muerte de Anthony. Pensaba también si de alguna manera Albert había entendido otra cosa con mi pregunta tonta. Dudé entonces si Albert era o no el príncipe. Ahora pienso que tiene que serlo: no sólo por el aspecto, las edades, el medallón, el traje escocés... creo que Albert sabía bien a qué príncipe me refería yo, pues ya antes le había contado la anécdota.
Pero en esos momentos no me venía nada coherente a la mente, y cuando nos separamos sólo se me ocurrió decirle que nos esperaban para preparar la cena. ¡Qué estúpida! Albert, por supuesto, se quedó tan confundido como yo. La voz se le quebraba cuando me preguntó si estaba enojada con él, y me pidió perdón. Debí decirle que no había nada que perdonar, pero yo también tenía la voz incierta y respondí con monosílabos.
Tenemos que hablar sobre lo ocurrido, pero tengo que hacerlo cuando tenga la cabeza fría, ahora no puedo. Durante la cena, seguía pensando en ese beso, tan distinto del de Terry. En ambas ocasiones fue algo inesperado, pero mientras el beso de Terry fue brusco y atropellado, el de Albert fue suave y cuidadoso.
Recuerdo que el beso de Terry terminó en una bofetada. Después me arrepentí por haberlo malinterpretado. Él tenía razón, Anthony estaba en el pasado y yo tenía que vivir el presente. No quiero cometer el mismo error ahora, sé que Terry y yo hemos terminado, pero es demasiado pronto y han ocurrido demasiadas cosas en mi vida, me cuesta trabajo imaginar a Albert como mi pareja. Quizá es tonto que ni me lo haya planteado así cuando hasta encontrarlo solo pensaba en volver a estar juntos, y hasta dudaba de un cambio en mis sentimientos hacia él. Pero de ahí a admitir que es el hombre que quiero para mí como "pareja" me aterra, ¡si es que apenas he curado las heridas de perder a Terry! Además, legalmente soy la hija adoptiva de Albert, ¿no? Sería un escándalo para la familia Andrew... qué barbaridad, ya estoy pensando como la tía abuela. Nunca antes me había sentido nerviosa o incómoda frente a Albert. Él es con quien puedo ser yo misma, sin necesidad de guardar apariencias. ¿Qué me ocurre?
Lo peor es que no tuvimos otra oportunidad para hablar, pues los chicos y las maestras no dejaban de hacerme preguntas. Es comprensible, había muchas cosas nuevas por explicar.
Debería estar feliz: He vuelto al hogar de Pony de manera definitiva, estoy finalmente con las dos mujeres a quienes considero mis verdaderas madres, con los chicos a quienes tanto quiero, y tengo a mis dos mejores amigas de visita, pues Patty y Annie se van a quedar por una semana. Debería disfrutar estos momentos, pero cuando Albert y Archie emprendieron el regreso me sentí más sola que nunca.
lunes, octubre 2
Despedida
Muero por volver al hogar de Pony y estar otra vez con mis maestras y con los niños. Una parte de mí desea quedarse al lado de Albert, pero sé que necesito alejarme un poco de él para entender mejor la relación que nos une ahora.
Por cierto, él me apoyó con la idea de trabajar en el Hogar de Pony. Sabe que no me gusta la ociosidad y que necesito mantenerme ocupada. Si bien mi trabajo con el Dr. Martin me gusta mucho, creo que los niños del hogar de Pony me necesitan mucho más.
El Dr. Martin está triste por mi partida, y opina que Albert me va a echar de menos. Supongo que es verdad, pues hemos estado juntos mucho tiempo... claro, sin tomar en cuenta nuestra separación cuando él recuperó la memoria. Albert dice que irá a visitarme a menudo, lo cual me alegra, pues de otra manera echaría de menos su compañía. Mañana por la mañana George me llevará a Chicago por última vez. Me despediré del Dr. Martin y luego iré al hogar de Pony. Sólo lamento que Albert no venga conmigo, pues la Srita. Pony y la hermana María desean conocerlo. Además, me gustaría mostrarle el sitio donde transcurrió mi niñez. Ya lo haré en otra ocasión, cuando venga a visitarme.
Por cierto, él me apoyó con la idea de trabajar en el Hogar de Pony. Sabe que no me gusta la ociosidad y que necesito mantenerme ocupada. Si bien mi trabajo con el Dr. Martin me gusta mucho, creo que los niños del hogar de Pony me necesitan mucho más.
El Dr. Martin está triste por mi partida, y opina que Albert me va a echar de menos. Supongo que es verdad, pues hemos estado juntos mucho tiempo... claro, sin tomar en cuenta nuestra separación cuando él recuperó la memoria. Albert dice que irá a visitarme a menudo, lo cual me alegra, pues de otra manera echaría de menos su compañía. Mañana por la mañana George me llevará a Chicago por última vez. Me despediré del Dr. Martin y luego iré al hogar de Pony. Sólo lamento que Albert no venga conmigo, pues la Srita. Pony y la hermana María desean conocerlo. Además, me gustaría mostrarle el sitio donde transcurrió mi niñez. Ya lo haré en otra ocasión, cuando venga a visitarme.
viernes, septiembre 29
Carta del Hogar de Pony
Estoy muy emocionada por la carta que recibí hoy. Me escriben la Srita. Pony y la hermana María, muy sorprendidas por todo lo que les he contado sobre Albert. Me invitan a visitarlas, y a que anime a Annie a venir conmigo.
¿Por qué no quedarme un tiempo con ellas? Tengo muchas ganas de volver... el jardín debe estar precioso y yo me ahogo un poco rodeada de lujos y servidumbre... Aunque debo reconocer que la vida en Lakewood es mucho más sencilla en comparación a cuando aquí vivía la tía Elroy, apenas hay servidumbre y vivimos muy tranquilos... pero este diario ir y venir de Chicago me cansa, y me cansa también ver a las sirvientas compartir miradas de complicidad como si algo estuviera ocurriendo entre Albert y yo.... Yo misma me siento muy confundida respecto a mis sentimientos hacia Albert, y tal vez estar un tiempo en el Hogar de Pony me ayude a ordenar mi cabeza.
¿Por qué no quedarme un tiempo con ellas? Tengo muchas ganas de volver... el jardín debe estar precioso y yo me ahogo un poco rodeada de lujos y servidumbre... Aunque debo reconocer que la vida en Lakewood es mucho más sencilla en comparación a cuando aquí vivía la tía Elroy, apenas hay servidumbre y vivimos muy tranquilos... pero este diario ir y venir de Chicago me cansa, y me cansa también ver a las sirvientas compartir miradas de complicidad como si algo estuviera ocurriendo entre Albert y yo.... Yo misma me siento muy confundida respecto a mis sentimientos hacia Albert, y tal vez estar un tiempo en el Hogar de Pony me ayude a ordenar mi cabeza.
martes, septiembre 26
Archie y Annie
Hoy vinieron a visitarnos mis amigos Archie y Annie. No me acostumbro a la idea de que Archie sea sobrino de Albert. ¡Es tan poca la diferencia de edad entre ellos! Archie, quien siempre tuvo mucha confianza con Albert, estaba un poco retraído e incómodo cuando tomábamos el té. Sin necesidad de palabras, la mirada de Albert me hizo saber que deseaba hablar a solas con Archie, así que me llevé a Annie a ver los rosales de Anthony. La llegada de la primavera los está haciendo florecer y están preciosos.
¿De qué habrán hablado Albert y Archie durante nuestra ausencia? Supongo que de la familia. Archie sigue viviendo con la tía Elroy, lo cual no debe ser agradable. ¿Quién sabe? Sé que Archie le tiene mucho afecto a pesar de ser una señora tan exigente que siempre se preocupa por las apariencias. Pensándolo bien, la tía Elroy se encargó de la educación tanto de Albert como the Archie, y ambos son unas personas estupendas. No debe ser tan mala.
Fue muy divertido cenar todos juntos, como cuando nos visitaban en el departamento de Chicago. Si a la servidumbre ya le escandaliza que Albert cocine, más se escandalizaron al ver a las visitas en la cocina ayudando a prepararlo todo. Me parece que desentonamos mucho con el estilo de vida que suelen seguir los Andrew.
¿De qué habrán hablado Albert y Archie durante nuestra ausencia? Supongo que de la familia. Archie sigue viviendo con la tía Elroy, lo cual no debe ser agradable. ¿Quién sabe? Sé que Archie le tiene mucho afecto a pesar de ser una señora tan exigente que siempre se preocupa por las apariencias. Pensándolo bien, la tía Elroy se encargó de la educación tanto de Albert como the Archie, y ambos son unas personas estupendas. No debe ser tan mala.
Fue muy divertido cenar todos juntos, como cuando nos visitaban en el departamento de Chicago. Si a la servidumbre ya le escandaliza que Albert cocine, más se escandalizaron al ver a las visitas en la cocina ayudando a prepararlo todo. Me parece que desentonamos mucho con el estilo de vida que suelen seguir los Andrew.
domingo, septiembre 24
Escribiendo cartas
No había tenido tiempo de escribir al hogar de Pony para contarle a las maestras lo sucedido. Hoy lo hice, y al poner en papel los sucesos de los últimos días me di cuenta de la suerte que tengo y de lo increíble que es que Albert sea el tío William. ¿Qué pensarán de todo esto las maestras? Si hubieran sabido que William Andrew era demasiado joven para ser mi padre, ¿habrían permitido mi adopción? Siempre creí que al conocer al tío William sabría lo que es un padre, pero en lugar de ello tengo a mi amigo y confidente como padre adoptivo. Albert prefiere usar la palabra "tutor", y le doy la razón. Me es imposible ver en él a un padre, aunque siempre se haya preocupado por que no me faltara nada y yo estuviera bien.
Y ahora que estamos juntos, de verdad que no me falta nada. Cuando fui adoptada por los Andrew me sentí muy afortunada, aunque tuve que vivir con la disciplina de la tía Elroy, cuidando siempre las apariencias. Ahora no hay nada de eso. Yo ya concluí los estudios que yo quise. No seré una dama egresada del colegio San Pablo, pero soy una enfermera titulada, y nadie a mi alrededor me exige comportarme como algo que no soy. Si hay alguien que me comprende como nadie más, ése es Albert. Esto es mucho mejor que haber sido adoptada por un hombre mayor, con quien no tendría nada en común.
Y ahora que estamos juntos, de verdad que no me falta nada. Cuando fui adoptada por los Andrew me sentí muy afortunada, aunque tuve que vivir con la disciplina de la tía Elroy, cuidando siempre las apariencias. Ahora no hay nada de eso. Yo ya concluí los estudios que yo quise. No seré una dama egresada del colegio San Pablo, pero soy una enfermera titulada, y nadie a mi alrededor me exige comportarme como algo que no soy. Si hay alguien que me comprende como nadie más, ése es Albert. Esto es mucho mejor que haber sido adoptada por un hombre mayor, con quien no tendría nada en común.
viernes, septiembre 22
La paz de Lakewood
He abandonado por completo el departamento que compartí con Albert en su convalescencia. George es muy bueno y me ayudó a traer mis cosas a Lakewood. Sigo trabajando con el Dr. Martin, pues todas las mañanas el chofer de los Andrew me lleva a Chicago. Que paz siento al haber regresado a Lakewood al lado de Albert. Este sigue siendo un lugar pacífico y hermoso, aunque muchas cosas han cambiado. Ya no tengo que cuidarme todo el tiempo por no ofender a la tía abuela, y aunque a veces los recuerdos de los tiempos felices con Anthony y Stear me ponen triste, me gusta mucho estar aquí. Albert a veces tiene asuntos que atender en Chicago y me acompaña por las mañanas. En esas ocasiones comemos juntos en Chicago, pero por lo general cenamos en Lakewood juntos. Albert sigue cocinando, no quiere contratar más servidumbre de la necesaria. La tía abuela quiere que nos mudemos a la residencia Andrew en Chicago, pero yo no sé si estoy dispuesta a vivir con ella de nuevo. Aunque me agradeció que cuidase de Albert (ella siempre lo llama "William"), sigue mirándome con desprecio. Estamos mejor aquí, en este lugar hermoso, donde Albert puede poco a poco contarme su vida y contestar a mis preguntas, donde podemos ser nosotros mismos sin tener que cuidar nuestro comportamiento.
martes, septiembre 5
El Tío William
George me dejó en las afueras de Lakewood. No quise que el ruido del carro anunciara mi llegada, y me colé en la casa. En la sala de los vitrales, tal como predijo George, estaba el tío William en su sillón, de espaldas a la entrada. Me anuncié, pero no obtuve respuesta, así que de inmediato comencé a hablar... no sé ni qué le dije. Creo haberle pedido perdón por ir a verlo sin su permiso, y haberle agradecido que se hiciera cargo de mí, pero lo que más me urgía era pedirle que no me obligara a comprometerme con Neil. Creo que insistí varias veces en ello. Durante todo este tiempo el tío no decía nada, ni me mostraba su rostro. Cuando terminé, dudaba incluso si el tío estaba dormido, o si se trataba de otra persona, pero entonces el tío se puso de pie y se giró hacia mí.
Todavía me parece estar soñando, pero no es así. Frente a mí no se encontraba ningún anciano, que era lo que yo esperaba. En cambio Albert, a quien yo he buscado por todo Chicago, estaba ahí. Y es que en realidad él es el tío William, por increíble que parezca. Nunca, ni por asomo, se me habría ocurrido toparme con Albert en Lakewood. Y si alguien me hubiera dicho que Albert era en realidad el tío William, lo habría tomado como una broma tonta. ¿Quién lo iba a adivinar? Ni siquiera los miembros jóvenes de la familia Andrew saben quién es él en realidad.
Yo estaba muy nerviosa, y Albert trataba de calmarme, mientras me contaba su historia sobre cómo heredó la fortuna de los Andrew siendo un niño y la tía Elroy se hizo cargo de él. Ocultaron su identidad para evitar que otros miembros de la familia o socios de los negocios abusaran de él. Cuando cumplió 21 años, asumió control de los negocios y propiedades, pero la tía no le permitió anunciarse ante el resto de la familia. La tía estaba muy molesta con él por haberme adoptado.
Me cuesta mucho trabajo pensar que el tío William, a quien yo imaginaba como un anciano generoso, es en realidad mi amigo Albert, dulce y paciente, quien siempre ha sabido hacerme sonreír y a quien conozco desde hace tantos años. De hecho, me pidió que siguiera llamándolo Albert, el cual es su segundo nombre.
Del compromiso con Neil, él no sabía nada, y creí reconocer en sus ojos la furia que aparece en ellos ante una injusticia... La tía Elroy ideó todo a escondidas de Albert. Él me asegura que puedo ignorar por completo ese compromiso, y yo le creo. Él nunca me ha mentido.
Recorrimos Lakewood y visitamos las rosas de Anthony, que se encuentran floreciendo. Caminamos hasta el río y ahí nos topamos con la barca de Stear, que Albert acaba de restaurar. Dimos un paseo en ella, pero de pronto tuvimos una fuga y nos hundimos. Terminamos en la villa del bosque, secándonos al lado de la chimenea.
Yo recordé cómo hace más de dos años me sequé también al lado de la chimenea en la casa de Terry... Albert me adivinó el pensamiento y me preguntó si pensaba en Terry... Albert, me enternece que me conozcas tan bien, pero también me avergüenza. No quiero pensar más en Terry. No mencioné mi visita a Rockstown. Tendré que preguntarle más tarde si él sabía que Terry estaba ahí cuando me envió el vestido.
Albert comentó que Terry ha vuelto a Broadway. Me da gusto por él. Quizá de verdad logre una vez más triunfar como actor. Y mientras tanto, yo no debo entristecerme más. Ya encontré a Albert, ¿qué más puedo pedir?
Todavía me parece estar soñando, pero no es así. Frente a mí no se encontraba ningún anciano, que era lo que yo esperaba. En cambio Albert, a quien yo he buscado por todo Chicago, estaba ahí. Y es que en realidad él es el tío William, por increíble que parezca. Nunca, ni por asomo, se me habría ocurrido toparme con Albert en Lakewood. Y si alguien me hubiera dicho que Albert era en realidad el tío William, lo habría tomado como una broma tonta. ¿Quién lo iba a adivinar? Ni siquiera los miembros jóvenes de la familia Andrew saben quién es él en realidad.Yo estaba muy nerviosa, y Albert trataba de calmarme, mientras me contaba su historia sobre cómo heredó la fortuna de los Andrew siendo un niño y la tía Elroy se hizo cargo de él. Ocultaron su identidad para evitar que otros miembros de la familia o socios de los negocios abusaran de él. Cuando cumplió 21 años, asumió control de los negocios y propiedades, pero la tía no le permitió anunciarse ante el resto de la familia. La tía estaba muy molesta con él por haberme adoptado.
Me cuesta mucho trabajo pensar que el tío William, a quien yo imaginaba como un anciano generoso, es en realidad mi amigo Albert, dulce y paciente, quien siempre ha sabido hacerme sonreír y a quien conozco desde hace tantos años. De hecho, me pidió que siguiera llamándolo Albert, el cual es su segundo nombre.
Del compromiso con Neil, él no sabía nada, y creí reconocer en sus ojos la furia que aparece en ellos ante una injusticia... La tía Elroy ideó todo a escondidas de Albert. Él me asegura que puedo ignorar por completo ese compromiso, y yo le creo. Él nunca me ha mentido.
Recorrimos Lakewood y visitamos las rosas de Anthony, que se encuentran floreciendo. Caminamos hasta el río y ahí nos topamos con la barca de Stear, que Albert acaba de restaurar. Dimos un paseo en ella, pero de pronto tuvimos una fuga y nos hundimos. Terminamos en la villa del bosque, secándonos al lado de la chimenea.
Yo recordé cómo hace más de dos años me sequé también al lado de la chimenea en la casa de Terry... Albert me adivinó el pensamiento y me preguntó si pensaba en Terry... Albert, me enternece que me conozcas tan bien, pero también me avergüenza. No quiero pensar más en Terry. No mencioné mi visita a Rockstown. Tendré que preguntarle más tarde si él sabía que Terry estaba ahí cuando me envió el vestido.
Albert comentó que Terry ha vuelto a Broadway. Me da gusto por él. Quizá de verdad logre una vez más triunfar como actor. Y mientras tanto, yo no debo entristecerme más. Ya encontré a Albert, ¿qué más puedo pedir?
lunes, septiembre 4
Hoy es el Día
Me siento abrumada. Mi vida nunca ha sido fácil, y de
alguna manera siempre he logrado salir adelante. Pero
últimamente, las pruebas y las desilusiones no me han
dado ni un respiro. No doy más.
Me siento atrapada... sólo veo una lucecita en medio
de esta oscuridad. Y es que pronto logre encontrarme
con el Tío William, fialmente conocerlo, explicarle
cómo me siento, pedirle su ayuda. ¡Él ha sido tan
bueno conmigo en estos años! No puedo creer que ahora
me abandone a esta miserable suerte, ¡no! Él siempre
veló por mi bienestar, no es posible que ya no le
importe hacerme desdichada junto a Neal. No, no es
posible. Tiene que haber una confusión... ¿Quién sabe
lo que la familia Leagan le metió en la cabeza? Quizás
el Tío no tiene idea de cómo me cae esta noticia.
Quizás sólo escuchó que Neal quiere casarse conmigo,
quizás le dijeron que yo lo quiero así también, y que
si nos casamos, entonces Neal no marchará al frente de
batalla. Estoy casi segura de que el pobre tío no
puede pensar en otra cosa más que en el peligro de
perder a otro sobrino más... como le ocurre a la tía
Elroy. Le aterra que Neal vaya al frente. ¡No se da
cuenta de que son mentiras! Neal nunca iría al frente,
es el ser más cobarde del mundo, ¡es sólo una
pantomina para que todos accedan a sus caprichos!
Ya falta poco para que me vengan a buscar. En unas
horas estaré en Lakewood y por fin lograré conocer al tío William. Estoy muy emocionada, pero temo su ira. Sé muy bien que él no tiene intenciones de conocerme en persona, si así fuera, lo habría hecho hace mucho. ¿Se enfurecerá conmigo? ¿Cómo reaccionará al saber que yo no estoy dispuesta a casarme con Neil? ¿Me dará la oportunidad de decirle también lo agradecida que estoy por todo lo que ha hecho por mi? Mejor no pensar en estas preguntas. Sólo lograré ponerme más nerviosa.
Tío William, para bien o para mal, hoy por fin nos conoceremos.
Contribuido por Elena
alguna manera siempre he logrado salir adelante. Pero
últimamente, las pruebas y las desilusiones no me han
dado ni un respiro. No doy más.
Me siento atrapada... sólo veo una lucecita en medio
de esta oscuridad. Y es que pronto logre encontrarme
con el Tío William, fialmente conocerlo, explicarle
cómo me siento, pedirle su ayuda. ¡Él ha sido tan
bueno conmigo en estos años! No puedo creer que ahora
me abandone a esta miserable suerte, ¡no! Él siempre
veló por mi bienestar, no es posible que ya no le
importe hacerme desdichada junto a Neal. No, no es
posible. Tiene que haber una confusión... ¿Quién sabe
lo que la familia Leagan le metió en la cabeza? Quizás
el Tío no tiene idea de cómo me cae esta noticia.
Quizás sólo escuchó que Neal quiere casarse conmigo,
quizás le dijeron que yo lo quiero así también, y que
si nos casamos, entonces Neal no marchará al frente de
batalla. Estoy casi segura de que el pobre tío no
puede pensar en otra cosa más que en el peligro de
perder a otro sobrino más... como le ocurre a la tía
Elroy. Le aterra que Neal vaya al frente. ¡No se da
cuenta de que son mentiras! Neal nunca iría al frente,
es el ser más cobarde del mundo, ¡es sólo una
pantomina para que todos accedan a sus caprichos!
Ya falta poco para que me vengan a buscar. En unas
horas estaré en Lakewood y por fin lograré conocer al tío William. Estoy muy emocionada, pero temo su ira. Sé muy bien que él no tiene intenciones de conocerme en persona, si así fuera, lo habría hecho hace mucho. ¿Se enfurecerá conmigo? ¿Cómo reaccionará al saber que yo no estoy dispuesta a casarme con Neil? ¿Me dará la oportunidad de decirle también lo agradecida que estoy por todo lo que ha hecho por mi? Mejor no pensar en estas preguntas. Sólo lograré ponerme más nerviosa.
Tío William, para bien o para mal, hoy por fin nos conoceremos.
Contribuido por Elena
Suscribirse a:
Entradas (Atom)