Estoy muy emocionada por la carta que recibí hoy. Me escriben la Srita. Pony y la hermana María, muy sorprendidas por todo lo que les he contado sobre Albert. Me invitan a visitarlas, y a que anime a Annie a venir conmigo.
¿Por qué no quedarme un tiempo con ellas? Tengo muchas ganas de volver... el jardín debe estar precioso y yo me ahogo un poco rodeada de lujos y servidumbre... Aunque debo reconocer que la vida en Lakewood es mucho más sencilla en comparación a cuando aquí vivía la tía Elroy, apenas hay servidumbre y vivimos muy tranquilos... pero este diario ir y venir de Chicago me cansa, y me cansa también ver a las sirvientas compartir miradas de complicidad como si algo estuviera ocurriendo entre Albert y yo.... Yo misma me siento muy confundida respecto a mis sentimientos hacia Albert, y tal vez estar un tiempo en el Hogar de Pony me ayude a ordenar mi cabeza.
El personaje principal del manga "Candy Candy" escribe un diario a partir de la desaparición de Albert... y luego le seguí de mi ronco pecho (y del de otras personas). Ven y visita también el Diario de Albert.
viernes, septiembre 29
martes, septiembre 26
Archie y Annie
Hoy vinieron a visitarnos mis amigos Archie y Annie. No me acostumbro a la idea de que Archie sea sobrino de Albert. ¡Es tan poca la diferencia de edad entre ellos! Archie, quien siempre tuvo mucha confianza con Albert, estaba un poco retraído e incómodo cuando tomábamos el té. Sin necesidad de palabras, la mirada de Albert me hizo saber que deseaba hablar a solas con Archie, así que me llevé a Annie a ver los rosales de Anthony. La llegada de la primavera los está haciendo florecer y están preciosos.
¿De qué habrán hablado Albert y Archie durante nuestra ausencia? Supongo que de la familia. Archie sigue viviendo con la tía Elroy, lo cual no debe ser agradable. ¿Quién sabe? Sé que Archie le tiene mucho afecto a pesar de ser una señora tan exigente que siempre se preocupa por las apariencias. Pensándolo bien, la tía Elroy se encargó de la educación tanto de Albert como the Archie, y ambos son unas personas estupendas. No debe ser tan mala.
Fue muy divertido cenar todos juntos, como cuando nos visitaban en el departamento de Chicago. Si a la servidumbre ya le escandaliza que Albert cocine, más se escandalizaron al ver a las visitas en la cocina ayudando a prepararlo todo. Me parece que desentonamos mucho con el estilo de vida que suelen seguir los Andrew.
¿De qué habrán hablado Albert y Archie durante nuestra ausencia? Supongo que de la familia. Archie sigue viviendo con la tía Elroy, lo cual no debe ser agradable. ¿Quién sabe? Sé que Archie le tiene mucho afecto a pesar de ser una señora tan exigente que siempre se preocupa por las apariencias. Pensándolo bien, la tía Elroy se encargó de la educación tanto de Albert como the Archie, y ambos son unas personas estupendas. No debe ser tan mala.
Fue muy divertido cenar todos juntos, como cuando nos visitaban en el departamento de Chicago. Si a la servidumbre ya le escandaliza que Albert cocine, más se escandalizaron al ver a las visitas en la cocina ayudando a prepararlo todo. Me parece que desentonamos mucho con el estilo de vida que suelen seguir los Andrew.
domingo, septiembre 24
Escribiendo cartas
No había tenido tiempo de escribir al hogar de Pony para contarle a las maestras lo sucedido. Hoy lo hice, y al poner en papel los sucesos de los últimos días me di cuenta de la suerte que tengo y de lo increíble que es que Albert sea el tío William. ¿Qué pensarán de todo esto las maestras? Si hubieran sabido que William Andrew era demasiado joven para ser mi padre, ¿habrían permitido mi adopción? Siempre creí que al conocer al tío William sabría lo que es un padre, pero en lugar de ello tengo a mi amigo y confidente como padre adoptivo. Albert prefiere usar la palabra "tutor", y le doy la razón. Me es imposible ver en él a un padre, aunque siempre se haya preocupado por que no me faltara nada y yo estuviera bien.
Y ahora que estamos juntos, de verdad que no me falta nada. Cuando fui adoptada por los Andrew me sentí muy afortunada, aunque tuve que vivir con la disciplina de la tía Elroy, cuidando siempre las apariencias. Ahora no hay nada de eso. Yo ya concluí los estudios que yo quise. No seré una dama egresada del colegio San Pablo, pero soy una enfermera titulada, y nadie a mi alrededor me exige comportarme como algo que no soy. Si hay alguien que me comprende como nadie más, ése es Albert. Esto es mucho mejor que haber sido adoptada por un hombre mayor, con quien no tendría nada en común.
Y ahora que estamos juntos, de verdad que no me falta nada. Cuando fui adoptada por los Andrew me sentí muy afortunada, aunque tuve que vivir con la disciplina de la tía Elroy, cuidando siempre las apariencias. Ahora no hay nada de eso. Yo ya concluí los estudios que yo quise. No seré una dama egresada del colegio San Pablo, pero soy una enfermera titulada, y nadie a mi alrededor me exige comportarme como algo que no soy. Si hay alguien que me comprende como nadie más, ése es Albert. Esto es mucho mejor que haber sido adoptada por un hombre mayor, con quien no tendría nada en común.
viernes, septiembre 22
La paz de Lakewood
He abandonado por completo el departamento que compartí con Albert en su convalescencia. George es muy bueno y me ayudó a traer mis cosas a Lakewood. Sigo trabajando con el Dr. Martin, pues todas las mañanas el chofer de los Andrew me lleva a Chicago. Que paz siento al haber regresado a Lakewood al lado de Albert. Este sigue siendo un lugar pacífico y hermoso, aunque muchas cosas han cambiado. Ya no tengo que cuidarme todo el tiempo por no ofender a la tía abuela, y aunque a veces los recuerdos de los tiempos felices con Anthony y Stear me ponen triste, me gusta mucho estar aquí. Albert a veces tiene asuntos que atender en Chicago y me acompaña por las mañanas. En esas ocasiones comemos juntos en Chicago, pero por lo general cenamos en Lakewood juntos. Albert sigue cocinando, no quiere contratar más servidumbre de la necesaria. La tía abuela quiere que nos mudemos a la residencia Andrew en Chicago, pero yo no sé si estoy dispuesta a vivir con ella de nuevo. Aunque me agradeció que cuidase de Albert (ella siempre lo llama "William"), sigue mirándome con desprecio. Estamos mejor aquí, en este lugar hermoso, donde Albert puede poco a poco contarme su vida y contestar a mis preguntas, donde podemos ser nosotros mismos sin tener que cuidar nuestro comportamiento.
martes, septiembre 5
El Tío William
George me dejó en las afueras de Lakewood. No quise que el ruido del carro anunciara mi llegada, y me colé en la casa. En la sala de los vitrales, tal como predijo George, estaba el tío William en su sillón, de espaldas a la entrada. Me anuncié, pero no obtuve respuesta, así que de inmediato comencé a hablar... no sé ni qué le dije. Creo haberle pedido perdón por ir a verlo sin su permiso, y haberle agradecido que se hiciera cargo de mí, pero lo que más me urgía era pedirle que no me obligara a comprometerme con Neil. Creo que insistí varias veces en ello. Durante todo este tiempo el tío no decía nada, ni me mostraba su rostro. Cuando terminé, dudaba incluso si el tío estaba dormido, o si se trataba de otra persona, pero entonces el tío se puso de pie y se giró hacia mí.
Todavía me parece estar soñando, pero no es así. Frente a mí no se encontraba ningún anciano, que era lo que yo esperaba. En cambio Albert, a quien yo he buscado por todo Chicago, estaba ahí. Y es que en realidad él es el tío William, por increíble que parezca. Nunca, ni por asomo, se me habría ocurrido toparme con Albert en Lakewood. Y si alguien me hubiera dicho que Albert era en realidad el tío William, lo habría tomado como una broma tonta. ¿Quién lo iba a adivinar? Ni siquiera los miembros jóvenes de la familia Andrew saben quién es él en realidad.
Yo estaba muy nerviosa, y Albert trataba de calmarme, mientras me contaba su historia sobre cómo heredó la fortuna de los Andrew siendo un niño y la tía Elroy se hizo cargo de él. Ocultaron su identidad para evitar que otros miembros de la familia o socios de los negocios abusaran de él. Cuando cumplió 21 años, asumió control de los negocios y propiedades, pero la tía no le permitió anunciarse ante el resto de la familia. La tía estaba muy molesta con él por haberme adoptado.
Me cuesta mucho trabajo pensar que el tío William, a quien yo imaginaba como un anciano generoso, es en realidad mi amigo Albert, dulce y paciente, quien siempre ha sabido hacerme sonreír y a quien conozco desde hace tantos años. De hecho, me pidió que siguiera llamándolo Albert, el cual es su segundo nombre.
Del compromiso con Neil, él no sabía nada, y creí reconocer en sus ojos la furia que aparece en ellos ante una injusticia... La tía Elroy ideó todo a escondidas de Albert. Él me asegura que puedo ignorar por completo ese compromiso, y yo le creo. Él nunca me ha mentido.
Recorrimos Lakewood y visitamos las rosas de Anthony, que se encuentran floreciendo. Caminamos hasta el río y ahí nos topamos con la barca de Stear, que Albert acaba de restaurar. Dimos un paseo en ella, pero de pronto tuvimos una fuga y nos hundimos. Terminamos en la villa del bosque, secándonos al lado de la chimenea.
Yo recordé cómo hace más de dos años me sequé también al lado de la chimenea en la casa de Terry... Albert me adivinó el pensamiento y me preguntó si pensaba en Terry... Albert, me enternece que me conozcas tan bien, pero también me avergüenza. No quiero pensar más en Terry. No mencioné mi visita a Rockstown. Tendré que preguntarle más tarde si él sabía que Terry estaba ahí cuando me envió el vestido.
Albert comentó que Terry ha vuelto a Broadway. Me da gusto por él. Quizá de verdad logre una vez más triunfar como actor. Y mientras tanto, yo no debo entristecerme más. Ya encontré a Albert, ¿qué más puedo pedir?
Todavía me parece estar soñando, pero no es así. Frente a mí no se encontraba ningún anciano, que era lo que yo esperaba. En cambio Albert, a quien yo he buscado por todo Chicago, estaba ahí. Y es que en realidad él es el tío William, por increíble que parezca. Nunca, ni por asomo, se me habría ocurrido toparme con Albert en Lakewood. Y si alguien me hubiera dicho que Albert era en realidad el tío William, lo habría tomado como una broma tonta. ¿Quién lo iba a adivinar? Ni siquiera los miembros jóvenes de la familia Andrew saben quién es él en realidad.Yo estaba muy nerviosa, y Albert trataba de calmarme, mientras me contaba su historia sobre cómo heredó la fortuna de los Andrew siendo un niño y la tía Elroy se hizo cargo de él. Ocultaron su identidad para evitar que otros miembros de la familia o socios de los negocios abusaran de él. Cuando cumplió 21 años, asumió control de los negocios y propiedades, pero la tía no le permitió anunciarse ante el resto de la familia. La tía estaba muy molesta con él por haberme adoptado.
Me cuesta mucho trabajo pensar que el tío William, a quien yo imaginaba como un anciano generoso, es en realidad mi amigo Albert, dulce y paciente, quien siempre ha sabido hacerme sonreír y a quien conozco desde hace tantos años. De hecho, me pidió que siguiera llamándolo Albert, el cual es su segundo nombre.
Del compromiso con Neil, él no sabía nada, y creí reconocer en sus ojos la furia que aparece en ellos ante una injusticia... La tía Elroy ideó todo a escondidas de Albert. Él me asegura que puedo ignorar por completo ese compromiso, y yo le creo. Él nunca me ha mentido.
Recorrimos Lakewood y visitamos las rosas de Anthony, que se encuentran floreciendo. Caminamos hasta el río y ahí nos topamos con la barca de Stear, que Albert acaba de restaurar. Dimos un paseo en ella, pero de pronto tuvimos una fuga y nos hundimos. Terminamos en la villa del bosque, secándonos al lado de la chimenea.
Yo recordé cómo hace más de dos años me sequé también al lado de la chimenea en la casa de Terry... Albert me adivinó el pensamiento y me preguntó si pensaba en Terry... Albert, me enternece que me conozcas tan bien, pero también me avergüenza. No quiero pensar más en Terry. No mencioné mi visita a Rockstown. Tendré que preguntarle más tarde si él sabía que Terry estaba ahí cuando me envió el vestido.
Albert comentó que Terry ha vuelto a Broadway. Me da gusto por él. Quizá de verdad logre una vez más triunfar como actor. Y mientras tanto, yo no debo entristecerme más. Ya encontré a Albert, ¿qué más puedo pedir?
lunes, septiembre 4
Hoy es el Día
Me siento abrumada. Mi vida nunca ha sido fácil, y de
alguna manera siempre he logrado salir adelante. Pero
últimamente, las pruebas y las desilusiones no me han
dado ni un respiro. No doy más.
Me siento atrapada... sólo veo una lucecita en medio
de esta oscuridad. Y es que pronto logre encontrarme
con el Tío William, fialmente conocerlo, explicarle
cómo me siento, pedirle su ayuda. ¡Él ha sido tan
bueno conmigo en estos años! No puedo creer que ahora
me abandone a esta miserable suerte, ¡no! Él siempre
veló por mi bienestar, no es posible que ya no le
importe hacerme desdichada junto a Neal. No, no es
posible. Tiene que haber una confusión... ¿Quién sabe
lo que la familia Leagan le metió en la cabeza? Quizás
el Tío no tiene idea de cómo me cae esta noticia.
Quizás sólo escuchó que Neal quiere casarse conmigo,
quizás le dijeron que yo lo quiero así también, y que
si nos casamos, entonces Neal no marchará al frente de
batalla. Estoy casi segura de que el pobre tío no
puede pensar en otra cosa más que en el peligro de
perder a otro sobrino más... como le ocurre a la tía
Elroy. Le aterra que Neal vaya al frente. ¡No se da
cuenta de que son mentiras! Neal nunca iría al frente,
es el ser más cobarde del mundo, ¡es sólo una
pantomina para que todos accedan a sus caprichos!
Ya falta poco para que me vengan a buscar. En unas
horas estaré en Lakewood y por fin lograré conocer al tío William. Estoy muy emocionada, pero temo su ira. Sé muy bien que él no tiene intenciones de conocerme en persona, si así fuera, lo habría hecho hace mucho. ¿Se enfurecerá conmigo? ¿Cómo reaccionará al saber que yo no estoy dispuesta a casarme con Neil? ¿Me dará la oportunidad de decirle también lo agradecida que estoy por todo lo que ha hecho por mi? Mejor no pensar en estas preguntas. Sólo lograré ponerme más nerviosa.
Tío William, para bien o para mal, hoy por fin nos conoceremos.
Contribuido por Elena
alguna manera siempre he logrado salir adelante. Pero
últimamente, las pruebas y las desilusiones no me han
dado ni un respiro. No doy más.
Me siento atrapada... sólo veo una lucecita en medio
de esta oscuridad. Y es que pronto logre encontrarme
con el Tío William, fialmente conocerlo, explicarle
cómo me siento, pedirle su ayuda. ¡Él ha sido tan
bueno conmigo en estos años! No puedo creer que ahora
me abandone a esta miserable suerte, ¡no! Él siempre
veló por mi bienestar, no es posible que ya no le
importe hacerme desdichada junto a Neal. No, no es
posible. Tiene que haber una confusión... ¿Quién sabe
lo que la familia Leagan le metió en la cabeza? Quizás
el Tío no tiene idea de cómo me cae esta noticia.
Quizás sólo escuchó que Neal quiere casarse conmigo,
quizás le dijeron que yo lo quiero así también, y que
si nos casamos, entonces Neal no marchará al frente de
batalla. Estoy casi segura de que el pobre tío no
puede pensar en otra cosa más que en el peligro de
perder a otro sobrino más... como le ocurre a la tía
Elroy. Le aterra que Neal vaya al frente. ¡No se da
cuenta de que son mentiras! Neal nunca iría al frente,
es el ser más cobarde del mundo, ¡es sólo una
pantomina para que todos accedan a sus caprichos!
Ya falta poco para que me vengan a buscar. En unas
horas estaré en Lakewood y por fin lograré conocer al tío William. Estoy muy emocionada, pero temo su ira. Sé muy bien que él no tiene intenciones de conocerme en persona, si así fuera, lo habría hecho hace mucho. ¿Se enfurecerá conmigo? ¿Cómo reaccionará al saber que yo no estoy dispuesta a casarme con Neil? ¿Me dará la oportunidad de decirle también lo agradecida que estoy por todo lo que ha hecho por mi? Mejor no pensar en estas preguntas. Sólo lograré ponerme más nerviosa.
Tío William, para bien o para mal, hoy por fin nos conoceremos.
Contribuido por Elena
sábado, septiembre 2
Otro Día de Locos
Debí haberlo sospechado... ¡Neal estaba tramando algo!
Hoy fue un día espantoso. He llorado lo que no tiene
nombre.
Hoy de mañana me levanté y estaba desayunando, sola,
usando una de las tazas que compré para Albert y para
mí, con nuestras iniciales: usaba la suya. Soplaba una
hermosa brisa de primavera, estaba soleado, pero yo me
sentía terriblemente melancólica. Pensaba en Albert
-como lo hago todo el tiempo, apenas si logro
distraerme por pocos minutos, cuando en la clínica
estoy demasiado ocupada para pensar en nada...pero son
sólo minutos de paz, y horas y horas de una profunda
melancolía- cuando de pronto escuché que golpeaban a
la puerta.
Sería porque estaba pensando en Albert, el hecho es
que por un instante me invadió la alegría, la ilusión
de que fuera él, que fuera él que regresaba para vivir
otra vez juntos. Corrí a la puerta y no... no era
Albert. El alma se me fue al piso.
Era el bueno de George, que venía a buscarme porque la
tía Elroy quería verme. Ya aquello me dio mala espina.
¿Qué podía estar pasando?
No estaba equivocada. Realmente estoy otra vez metida
en problemas.
Cuando llegué a la mansión de los Andrew y me llevaron
con la tía, allí estaban los Leagan. Y entonces me
informaron (¡qué descaro! ni que yo fuera un bien del
que pudieran disponer a su antojo!) que Neal y yo nos
comprometeríamos en tres días.
No lo podía creer. Me enfurecí y comencé a gritarles
en la cara lo que pensaba de esa disparatada idea y lo
que pensaba del ladino de Neal.
Mientras me enfrentaba -una vez más- a esa familia de
locos, me enteré de que Neal les dijo que marchará a
la guerra si no nos casamos y me repitieron una y otra
vez que este compromiso es voluntad del Tío William
también.
Eso fue lo que me hizo sentir más desamparada y
totalmente desolada. Nunca, jamás de los jamases,
pensé que el me forzara a hacer algo así: casarme con
alguien sin consultarme, cuando además es más que
obvio que detesto a Neal! Pero soy su pupila y ni
modo... ¿cómo escapar de la situación?
Con la cabeza dando vueltas, salí de aquel cuarto y
rompí en llanto inconsolable, mientras zarandeaba a un
silencioso George, quejándome de la actitud del Tío y
del no poder hablar con él para aclarar esa locura.
Entonces, George abandonó su usual reserva (supongo
que mi llanto realmente lo asustó, él pudo notar mi
desesperación) y me confesó que el Tío William estaba
en la mansión de Lakewood, que allí lo encontaría.
¡Querido George! ¡Desobedeciste las órdenes que te
dieron para ayudarme! No sé si podré solucionar algo,
pero al menos ahora brilla una lucecita de esperanza.
No sabía ya cómo agradecer a George, por poner en
peligro su trabajo para ayudarme... Él mismo vendrá
a buscarme mañana temprano para ir a Lakewood.
Mi corazón bate a mil, con una mezcla de miedo,
esperanza, decepción, ilusión, y hasta nostalgia.
Nostalgia por volver a Lakewood...
Albert, ¡cómo querría que estuvieras aquí para
abrazarme, y aconsejarme, y darme un poco de tu
serenidad ahora! Sé que si tú estuvieras aquí, no
tendría más miedo... sólo determinación, decisión y
esperanza. ¡Quiero que me abraces, Albert!
Contribuido por Elena
Hoy fue un día espantoso. He llorado lo que no tiene
nombre.
Hoy de mañana me levanté y estaba desayunando, sola,
usando una de las tazas que compré para Albert y para
mí, con nuestras iniciales: usaba la suya. Soplaba una
hermosa brisa de primavera, estaba soleado, pero yo me
sentía terriblemente melancólica. Pensaba en Albert
-como lo hago todo el tiempo, apenas si logro
distraerme por pocos minutos, cuando en la clínica
estoy demasiado ocupada para pensar en nada...pero son
sólo minutos de paz, y horas y horas de una profunda
melancolía- cuando de pronto escuché que golpeaban a
la puerta.
Sería porque estaba pensando en Albert, el hecho es
que por un instante me invadió la alegría, la ilusión
de que fuera él, que fuera él que regresaba para vivir
otra vez juntos. Corrí a la puerta y no... no era
Albert. El alma se me fue al piso.
Era el bueno de George, que venía a buscarme porque la
tía Elroy quería verme. Ya aquello me dio mala espina.
¿Qué podía estar pasando?
No estaba equivocada. Realmente estoy otra vez metida
en problemas.
Cuando llegué a la mansión de los Andrew y me llevaron
con la tía, allí estaban los Leagan. Y entonces me
informaron (¡qué descaro! ni que yo fuera un bien del
que pudieran disponer a su antojo!) que Neal y yo nos
comprometeríamos en tres días.
No lo podía creer. Me enfurecí y comencé a gritarles
en la cara lo que pensaba de esa disparatada idea y lo
que pensaba del ladino de Neal.
Mientras me enfrentaba -una vez más- a esa familia de
locos, me enteré de que Neal les dijo que marchará a
la guerra si no nos casamos y me repitieron una y otra
vez que este compromiso es voluntad del Tío William
también.
Eso fue lo que me hizo sentir más desamparada y
totalmente desolada. Nunca, jamás de los jamases,
pensé que el me forzara a hacer algo así: casarme con
alguien sin consultarme, cuando además es más que
obvio que detesto a Neal! Pero soy su pupila y ni
modo... ¿cómo escapar de la situación?
Con la cabeza dando vueltas, salí de aquel cuarto y
rompí en llanto inconsolable, mientras zarandeaba a un
silencioso George, quejándome de la actitud del Tío y
del no poder hablar con él para aclarar esa locura.
Entonces, George abandonó su usual reserva (supongo
que mi llanto realmente lo asustó, él pudo notar mi
desesperación) y me confesó que el Tío William estaba
en la mansión de Lakewood, que allí lo encontaría.
¡Querido George! ¡Desobedeciste las órdenes que te
dieron para ayudarme! No sé si podré solucionar algo,
pero al menos ahora brilla una lucecita de esperanza.
No sabía ya cómo agradecer a George, por poner en
peligro su trabajo para ayudarme... Él mismo vendrá
a buscarme mañana temprano para ir a Lakewood.
Mi corazón bate a mil, con una mezcla de miedo,
esperanza, decepción, ilusión, y hasta nostalgia.
Nostalgia por volver a Lakewood...
Albert, ¡cómo querría que estuvieras aquí para
abrazarme, y aconsejarme, y darme un poco de tu
serenidad ahora! Sé que si tú estuvieras aquí, no
tendría más miedo... sólo determinación, decisión y
esperanza. ¡Quiero que me abraces, Albert!
Contribuido por Elena
jueves, agosto 31
Un dia de mil demonios
¡Agghhhhhhhh... Neil! ¡Ese muchacho me vuelve loca! ¡Me
siento continuamente vigilada por él! A veces salgo
del apartamento rumbo a la clínica y veo su auto
estacionado en alguna calle cercana. Otras veces voy a
comprar algunas provisiones y siento que unos ojos me
observan... ¡me exaspera! Ya sé que es un chico necio
y obstinado, pero no pensé que además de todo eso
fuera tan estúpido e inmaduro como para pensar que con
ese tipo de comportamiento pueda "conquistarme". Y no
es que él no sepa ya que el simple hecho de que
pertenezcamos a la misma familia me irrita. Realmente,
él siempre se las ingenia para ponerme de un humor de
perros.
Hoy fue un día complicado. En realidad no pasó nada
grave, pero no hice más que tener un pequeño disgusto
atrás de otro. Primero reñí con el Dr. Martin por el
tema de la bebida. Ya es un problema que sea
alcohólico (ya no sé cómo ayudarlo al respecto), pero
es inadmisible que eso interfiera con su trabajo en la
clínica. Anoche se nota que tomó mucho más de lo usual
y hoy tenía una tremenda resaca. No prestaba toda la
atención que debiera a sus pacientes y cometía errores
estúpidos. Yo tenía que andar detrás de él,
vigilándolo, y luego tuve que retarlo como a un niño
pequeño.
Cuando volvía al apartamento, me detuve por unas
provisiones y otra vez el vendedor de frutas me trató
de "Señora". Ya antes eso me había puesto de mal
humor, lo que había hecho reír a Albert. Pero esta vez
me puso de un humor mil veces peor y le grité en la
cara "¡no soy casada, Señoorrrrrr". Pobre hombre...
creo que lo asusté. En fin, si antes me molestaba
porque me hacía sentir más vieja, ahora me molesta
mucho más porque no sólo me hace sentir vieja, sino
que me recuerda que Albert no está aquí para reírse de
mí y porque, peor, sólo me recuerda que vivo sola. No
me importaría que me confundieran con la esposa de
Albert y que por eso me dijeran "señora"... es más,
creo que hasta me gustaría... ¡pero Albert no está, y
entonces sólo me frustra enormemente que me llamen
así!
Para peor, estaba tan ofuscada que por eso mismo fui más torpe de lo usual cuando cocinaba y el guiso me quedó que era un asco. Incomible. En otro momento me hubiera reído de mi mísma, pero esta vez no. Mientras cocinaba, me distraje pero cuando de pronto noté que el contenido de la olla estaba en ebullición y se derramaría por toda la cocina, instintivamente llamé a Albert, pidiéndole socorro... como tantas veces hiciera cuando vivíamos juntos. Llamé a Albert, pero
claro, ¡Albert no estaba, ni está, ni estará ahí para ayudarme más! y entonces se me encogió el corazón. Cuando quise comer esa cosa espantosa que quería que fuera un guiso, recordé que Albert hubiera logrado volverlo algo "comestible" en unos minutos... y rompí a llorar inconsolablemente. Estoy cada vez más sensible. Aún no me acostumbro a que Albert no esté y cuando me doy cuenta, cada vez me cuesta más contener el llanto. No sé, si el hubiera escrito, me hubiera dejado algún recado de alguna manera... pero no.
Supongo que esperaba que su ausencia no fuera tan
larga, o que al menos tendría noticias de él pronto y
por eso cada día que pasa aumenta mi desazón y cada
día lloro más ante cualquier estupidez.
Estoy ya me está preocupando. Así no soy yo! Soy una
chica fuerte y decidida y me las he arreglado sola
muchas veces! Pero de alguna manera, ahora no puedo...
me siento desamparada y débil como nunca. Es como si
con Albert se hubiera ido mi alegría, mi fuerza, mi
paciencia y hasta mi esperanza. La vida me parece gris
y monótona, aunque esté siempre ocupada y aunque tenga
buenos amigos. Siento un vacío que no recuerdo haber
sentido antes... un vacío que siento que sólo la
presencia de Albert llenaría. Me sorprende que lo
extrañe y necesite tanto. No me entiendo a mí misma.
Tengo una necesidad inmensa de él y eso en parte me
asusta. ¿Será que... ? No, Candy, no pienses en
tonterías. Además, si sigo pensando en él me volveré loca.
Contribuido por Elena
siento continuamente vigilada por él! A veces salgo
del apartamento rumbo a la clínica y veo su auto
estacionado en alguna calle cercana. Otras veces voy a
comprar algunas provisiones y siento que unos ojos me
observan... ¡me exaspera! Ya sé que es un chico necio
y obstinado, pero no pensé que además de todo eso
fuera tan estúpido e inmaduro como para pensar que con
ese tipo de comportamiento pueda "conquistarme". Y no
es que él no sepa ya que el simple hecho de que
pertenezcamos a la misma familia me irrita. Realmente,
él siempre se las ingenia para ponerme de un humor de
perros.
Hoy fue un día complicado. En realidad no pasó nada
grave, pero no hice más que tener un pequeño disgusto
atrás de otro. Primero reñí con el Dr. Martin por el
tema de la bebida. Ya es un problema que sea
alcohólico (ya no sé cómo ayudarlo al respecto), pero
es inadmisible que eso interfiera con su trabajo en la
clínica. Anoche se nota que tomó mucho más de lo usual
y hoy tenía una tremenda resaca. No prestaba toda la
atención que debiera a sus pacientes y cometía errores
estúpidos. Yo tenía que andar detrás de él,
vigilándolo, y luego tuve que retarlo como a un niño
pequeño.
Cuando volvía al apartamento, me detuve por unas
provisiones y otra vez el vendedor de frutas me trató
de "Señora". Ya antes eso me había puesto de mal
humor, lo que había hecho reír a Albert. Pero esta vez
me puso de un humor mil veces peor y le grité en la
cara "¡no soy casada, Señoorrrrrr". Pobre hombre...
creo que lo asusté. En fin, si antes me molestaba
porque me hacía sentir más vieja, ahora me molesta
mucho más porque no sólo me hace sentir vieja, sino
que me recuerda que Albert no está aquí para reírse de
mí y porque, peor, sólo me recuerda que vivo sola. No
me importaría que me confundieran con la esposa de
Albert y que por eso me dijeran "señora"... es más,
creo que hasta me gustaría... ¡pero Albert no está, y
entonces sólo me frustra enormemente que me llamen
así!
Para peor, estaba tan ofuscada que por eso mismo fui más torpe de lo usual cuando cocinaba y el guiso me quedó que era un asco. Incomible. En otro momento me hubiera reído de mi mísma, pero esta vez no. Mientras cocinaba, me distraje pero cuando de pronto noté que el contenido de la olla estaba en ebullición y se derramaría por toda la cocina, instintivamente llamé a Albert, pidiéndole socorro... como tantas veces hiciera cuando vivíamos juntos. Llamé a Albert, peroclaro, ¡Albert no estaba, ni está, ni estará ahí para ayudarme más! y entonces se me encogió el corazón. Cuando quise comer esa cosa espantosa que quería que fuera un guiso, recordé que Albert hubiera logrado volverlo algo "comestible" en unos minutos... y rompí a llorar inconsolablemente. Estoy cada vez más sensible. Aún no me acostumbro a que Albert no esté y cuando me doy cuenta, cada vez me cuesta más contener el llanto. No sé, si el hubiera escrito, me hubiera dejado algún recado de alguna manera... pero no.
Supongo que esperaba que su ausencia no fuera tan
larga, o que al menos tendría noticias de él pronto y
por eso cada día que pasa aumenta mi desazón y cada
día lloro más ante cualquier estupidez.
Estoy ya me está preocupando. Así no soy yo! Soy una
chica fuerte y decidida y me las he arreglado sola
muchas veces! Pero de alguna manera, ahora no puedo...
me siento desamparada y débil como nunca. Es como si
con Albert se hubiera ido mi alegría, mi fuerza, mi
paciencia y hasta mi esperanza. La vida me parece gris
y monótona, aunque esté siempre ocupada y aunque tenga
buenos amigos. Siento un vacío que no recuerdo haber
sentido antes... un vacío que siento que sólo la
presencia de Albert llenaría. Me sorprende que lo
extrañe y necesite tanto. No me entiendo a mí misma.
Tengo una necesidad inmensa de él y eso en parte me
asusta. ¿Será que... ? No, Candy, no pienses en
tonterías. Además, si sigo pensando en él me volveré loca.
Contribuido por Elena
miércoles, agosto 30
Rockstown
Aún no es primavera, y el vestido que Albert me envió no es el adecuado para un viaje, pero aún así me lo puse para ir a Rockstown, llevando conmigo más carteles realizados por el Dr. Martin, con esperanzas de encontrar a Albert.
Poco sabía yo de la sorpresa que me aguardaba en Rockstown. Por increíble que parezca, antes de llegar a la oficina de correos, que es por donde me proponía comenzar mi búsqueda, me topé con un cartel anunciando una obra en la que actuaba Terry. No pude evitar acercarme. Se trataba de un teatro ambulante montado dentro de una carpa vieja y descuidada. No quería entrar, pues temía que al ver a Terry de nuevo despertaran en mí los sentimientos de antaño. Pero un par de chicas salieron del teatro muy enojadas y haciendo comentarios terribles sobre la actuación de Terry, insinuando incluso que estaba borracho. Al oír esto, tuve que entrar yo también. No podía creer que Terry hubiese caído tan bajo. La carpa era obscura y estaba llena de humo. El público se burlaba y silbaba, y entre ellos había más de un borracho. Lo más terrible fue darme cuenta de que Terry también lo estaba y que ni siquiera se molestaba en ocultarlo.
Estaba sucio, desaliñado. Apenas podía mantenerse de pie y mucho menos actuar. Por supuesto, olvidaba todas sus líneas. Fue muy triste toparme con alguien que fue tan importante en mi vida y verlo totalmente destruido. ¿Cómo pude enamorarme de alguien así? Recuerdo que Terry bebía antes, pero nunca como ahora. El ruido del público era insoportable. Me puse furiosa e hice callar a unos cuantos.
Sospecho que Terry se dió cuenta de mi presencia, pues cambió de repente y se tomó más en serio su actuación. Aún así, no quise quedarme. No quería hablar con Terry, borracho o sobrio, pues entonces él pensaría que todavía lo quiero.
Afuera de la carpa me aguardaba otra sopresa: Eleanor Baker, la madre de Terry. Bellísima como siempre, pero más delgada y con la mirada triste. Yo me proponía seguir buscando a Albert, pero me invitó a tomar un café. Ella ha estado aquí desde hace cinco días, sin que Terry quiera recibirla, viendo cada día como la situación de su hijo empeora. Ella me asegura que si Terry cambió a mitad de la actuación fue porque se dio cuenta de mi presencia. Cree que la vergüenza de que yo lo haya visto así lo hará recapacitar y volver a Broadway.
Terry siempre lastima a las personas que más lo quieren. A mí me quiso mucho, tal vez todavía me quiera, pero más de una vez hizo comentarios que me hirieron. Siempre fue muy rebelde y poco serio, pero yo pensaba que era cuestión de inmadurez. Ahora no estoy tan segura. Eleanor no me pidió que hablara con él, creo que se dio cuenta de que yo ya no deseo tener nada que ver con su vida. Sólo espero que Terry de verdad se recupere y vuelva a actuar, quizá incluso decida volver al lado de Susana.
Desganada, seguí buscando a Albert por todo Rockstown, pero nadie recuerda haberlo visto nunca. Volví a Chicago con las manos vacías. En el departamento me aguardaba la misma soledad que se vino a instalar aquí cuando Albert me dejó. Me gustaría mucho que él estuviera aquí, al menos para contarle lo que me ocurrió en Rockstown. Lo echo mucho de menos, y me decepciona haber hecho este viaje para nada.
Poco sabía yo de la sorpresa que me aguardaba en Rockstown. Por increíble que parezca, antes de llegar a la oficina de correos, que es por donde me proponía comenzar mi búsqueda, me topé con un cartel anunciando una obra en la que actuaba Terry. No pude evitar acercarme. Se trataba de un teatro ambulante montado dentro de una carpa vieja y descuidada. No quería entrar, pues temía que al ver a Terry de nuevo despertaran en mí los sentimientos de antaño. Pero un par de chicas salieron del teatro muy enojadas y haciendo comentarios terribles sobre la actuación de Terry, insinuando incluso que estaba borracho. Al oír esto, tuve que entrar yo también. No podía creer que Terry hubiese caído tan bajo. La carpa era obscura y estaba llena de humo. El público se burlaba y silbaba, y entre ellos había más de un borracho. Lo más terrible fue darme cuenta de que Terry también lo estaba y que ni siquiera se molestaba en ocultarlo.Estaba sucio, desaliñado. Apenas podía mantenerse de pie y mucho menos actuar. Por supuesto, olvidaba todas sus líneas. Fue muy triste toparme con alguien que fue tan importante en mi vida y verlo totalmente destruido. ¿Cómo pude enamorarme de alguien así? Recuerdo que Terry bebía antes, pero nunca como ahora. El ruido del público era insoportable. Me puse furiosa e hice callar a unos cuantos.
Sospecho que Terry se dió cuenta de mi presencia, pues cambió de repente y se tomó más en serio su actuación. Aún así, no quise quedarme. No quería hablar con Terry, borracho o sobrio, pues entonces él pensaría que todavía lo quiero.
Afuera de la carpa me aguardaba otra sopresa: Eleanor Baker, la madre de Terry. Bellísima como siempre, pero más delgada y con la mirada triste. Yo me proponía seguir buscando a Albert, pero me invitó a tomar un café. Ella ha estado aquí desde hace cinco días, sin que Terry quiera recibirla, viendo cada día como la situación de su hijo empeora. Ella me asegura que si Terry cambió a mitad de la actuación fue porque se dio cuenta de mi presencia. Cree que la vergüenza de que yo lo haya visto así lo hará recapacitar y volver a Broadway.
Terry siempre lastima a las personas que más lo quieren. A mí me quiso mucho, tal vez todavía me quiera, pero más de una vez hizo comentarios que me hirieron. Siempre fue muy rebelde y poco serio, pero yo pensaba que era cuestión de inmadurez. Ahora no estoy tan segura. Eleanor no me pidió que hablara con él, creo que se dio cuenta de que yo ya no deseo tener nada que ver con su vida. Sólo espero que Terry de verdad se recupere y vuelva a actuar, quizá incluso decida volver al lado de Susana.
Desganada, seguí buscando a Albert por todo Rockstown, pero nadie recuerda haberlo visto nunca. Volví a Chicago con las manos vacías. En el departamento me aguardaba la misma soledad que se vino a instalar aquí cuando Albert me dejó. Me gustaría mucho que él estuviera aquí, al menos para contarle lo que me ocurrió en Rockstown. Lo echo mucho de menos, y me decepciona haber hecho este viaje para nada.
lunes, agosto 21
El regalo de Albert
Hoy había un paquete para mí. Al ver el remitente creí estar soñando: ¡Era de Albert! Me envió un vestido muy lindo, con una nota despreocupada deseándome suerte y diciendo que pronto nos veremos... Pobre Albert, recuerdo lo poco que le interesaban mis vestidos, y cómo se disgustó conmigo cuando estuve pidiéndole opiniones sobre ellos. Eso hace que este regalo sea todavía más valioso para mí.El vestido es precioso y, por lo que puedo ver, muy caro. Quisiera que Albert dejara de hacerme regalos costosos. ¿No entiende que lo que yo necesito es su compañía? Aún así, confieso que este invierno he sentido un poco de consuelo al arroparme con el abrigo que él me regaló.
El paquete no tiene la dirección del remitente, sólo sé que proviene de Rockstown. Pude ver en el mapa que Rockstown no está muy lejos y que es un pueblo muy pequeño. Si voy allá, no debe ser difícil dar con Albert o con alguien que lo haya visto.
Albert... cómo te echo de menos. Tienes razón, nos veremos muy pronto. Mañana mismo le pediré permiso al Dr Martin para ir a Rockstown a buscarte.
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